POR MANUEL VILCHES DE AMERICANTO
Bueh, la idea era escribir antes de que terminara el plazo para mandar los proyectos. Pero lo hago ahora mientras se esperan los resultados. Obviamente, tengo más que claro que la idea es valiosa y que bueno que el gobierno apoye la cultura y blá blá, pero igual hay cosas que creo que no corresponden. Digo algunas.
a) Criterios de papelería: para poder acceder a los fondos del gobierno hay que pasar un exigente filtro leguleyo. Así, si falta cierto papel, un documento de algo o el importante timbre de don Sutano todo el trabajo se puede ir por el caño. Será muy justo que participen sólo los que cumplen las reglas y la lesera, pero yo no dejo de pensar que se trata de proyectos artísticos, y que se pueda quedar fuera por papeles algo que pueda ser valioso, un suceso, algo tremendo, o simplemente que un bonito proyecto hecho por alguien que desconoce el manejo que se requiere para estas cosas se puede quedar afuera. Qué pena.
b) Plan de difusión: cada artista que quiera hacer un disco tiene que contarle a la gente de Fondart cómo va a conseguir que se trate de un trabajo de "alto impacto", que se suele evaluar de manera considerable en los proyectos. Esto quiere decir que tienen que demostrar cómo se van a interesar por sus discos medios de comunicación que son indiferentes en general a estos trabajos. Para eso, nada como conseguir cartas de programas y medios que digan que sí van a difundir las obras lo que, dicho sea de paso, es la ignorancia más grande sobre el funcionamiento del periodismo. Si yo he firmado una carta diciendo que difundiré algo, ¿alguien me lo va a comprobar? o peor, ¿me pasarán una multa si no lo hago?. En fin, pero con esas cartas se supone que se ganan puntos. Y por cierto, sus buenos puntos se lleva el que conoce de esas cosas. Insisto en lo mencionado arriba, cuántos proyectos se pueden quedar abajo por razones anexas a las artísticas. .
d) Jurados fantasma: nadie sabe quienes son los jurados de Fondart. Claro, nadie salvo los amigos y conocidos de los jurados. El punto parece sensato, sin embargo, se vuelve contradictorio cuando uno recibe los informes de vuelta y no sabe con qué criterios se evalúan determinados asuntos, como el "interés" de un proyecto o lo bien hecha que está la fundamentación. No faltan los que se toman la licencia de decir que determinada obra era "muy básica" o que tenía una interpretación de "baja factura técnica". Quién lo dice, por qué lo hace, en fin, misterios de la naturaleza. .
La intención de todo lo mencionado anteriormente, me parece, es conseguir que los artistas se vuelvan gestores de su propia obra lo que, de por sí, no tiene que ser necesariamente malo o, en otro caso, incorporar al eslabón productivo del arte el rol del "productor", que también puede tener su brillo. Sin embargo, creo que en todo este embrollo se pierde lo esencial, la obra en sí. Digo yo, si a un jurado le toca escuchar una maqueta y "queda pa dentro" pero el trabajo tiene los objetivos poco claros o redundantes, ¿tiene que dejarlo fuera? ¿lo mismo si faltan un par de cartas de respaldo?. Lo esencial, creo yo, es invisible a los formularios. En ese sentido, encuentro mucho más saludable un proceso como el del Sello Azul, donde el candidato entrega el disco, lo escucha un jurado y deja a los que le gustaron. Además, el sello asume la producción, gestión, lanzamiento, difusión y el artista se dedica a hacer lo suyo. Bien elegidos los ganadores de raíz folklórica a todo esto: Las torcazas, Daniel Muñoz y Manuel Sánchez, nada que decir, al contrario, sólo felicitar.
En fin, a qué voy con todo esto, a que el Estado tiene plata, mucha plata. Y, mejor aún, hay claramente intenciones de gastar una parte en cultura, tal como se ve en la Biblioteca de Santiago, el Centro Cultural La Moneda o en los mismos fondos que tienen montos apreciables. Sin embargo, parece que no se ha encontrado el método para enriquecer la propuesta artística dentro de la sociedad o que estas lleguen a la mayor cantidad de público posible.
Mientras tanto, mientras las autoridades eluden la responsabilidad de romper la hegemonía mercantil del mundo cultural, se reparte la plata para discos que quedan en bodegas o giras que nadie sabe que se hacen. Y, con la pila de condiciones que ponen en sus papeleos, se elitiza en los que conocen el "know how" y se alternan entre ser jurados y beneficiarios. Y qué pasa, lo de siempre, se arman los ghettos de cultura, los "exóticos" que tocan cosas raras y que satisfacen a un mercado compuesto mayoritariamente por músicos. ¿Cómo se revierte eso?. Puf, tarea pa' la casa.
Me parece que es una crítica que está en muchos puntos muy acertada. Si bien el FONDART ha servido para que muchos artistas pueda trabajar y difundir su obra, el asunto de la elitización está muy presente. Creo que lo de las cartas de recomendación es porque el jurado no tiene la categoría para criticar o analizar si un proyecto es realmente bueno o no, entonces se basan en quién "auspicia", si es alguien conocido....eso es muy común.
Otra crítica que yo agregaría, es la falta de un espacio público que agrupe o las obras o bien alguna muestra de las obras financiadas por el FONDART. No existe ni una sola biblioteca, donde estén los discos, los libros, o bien fotos, guiones o videos de funciones de teatro o exposiciones de plástica por ejemplo. El dinero se entrega y nadie sabe qué pasó después, sólo el jurado que tampoco nadie conoce....
Estaría muy buena una reestructuración de ese sistema, porque aunque la concertación se lo ha reivindicado como su propio proyecto de política cultural, estas ideas provienen del tiempo del régimen militar, cuando Germán Domínguez estaba a cargo del Departamento de Extensión Cultural del Ministerio de Educación y nadie le daba bola con su proyecto de "Fondo para financiamiento de las artes", consejos culturales, gestores culturales....
Eso, gran aporte, espero que el tema de la gestión también empiece a interesarle a los artistas.
Un gran saludo para el zócalo nacional y este blog que nos permite ver el Chile que no aparece en la TV.
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