En la ceremonia que reunió las artes chilenas se premió a los mejores exponentes de cada área, quienes fueron escogidos por sus propios pares. Se recordó además a los artistas que ya no están, en un emotivo homenaje audiovisual.

Desde hace ocho años que las artes en Chile tienen su propia fiesta anual: el Premio Altazor. En su octava versión, el Premio Altazor premió ayer miércoles a los mejores exponentes de las artes musicales, literarias, visuales, escénicas y audiovisuales, quienes son escogidos por sus propios compañeros.

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La Estación Mapocho se iluminó por completo para recibir a poetas y rockeros, directores de orquesta y actores de TV, bailarines y pintores en una ceremonia que fue transmitida en directo por Chilevisión, y que comenzó con la irrupción de una gran luz de locomotora, que dio paso a la obertura preparada por seis destacados pianistas nacionales que interpretaron al unísono seis pianos de cola. La ceremonia estuvo musicalizada en vivo por la Orquesta Filarmónica de Chile bajo la batuta del maestro Guillermo Rifo.

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La conducción estuvo nuevamente a cargo de la periodista Macarena Pizarro, quién estuvo acompañada de los actores Hector Noguera, Daniel Muñoz, Maria Izquerdo y Esperanza Silva y Willy Semler, además del fotógrafo Luis Weinstein, la coreógrafa Karen Connoly y la pintora Carmen Aldunate y el escritor Rafael Gumucio.

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Los ganadores musicales

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Carlos Botto ganó en categoría docta por su obra “Diez Preludios”. Compositor y académico viñamarino, fallecido en junio del 2004, dedicó gran parte de su vida a la enseñanza, dejando una profunda huella en varias generaciones de músicos. En 1996 recibió el Premio Nacional de Arte en mención Música.