Por Verónica San Juan de MUS.CL

En los meses posteriores al golpe militar, Roberto Parra y su mujer Catalina Rojas empezaron a cantar en La Vega de Santiago, en el segundo patio, cerca de los boliches de comida. Cada sábado llegaban con sus guitarras, un letrero que anunciaba sus nombres y un canasto de mimbre pequeño donde recibían las monedas. Actuaban de pie, tocaban jazz guachaca, tonadas y canciones populares. Cuando el canasto se llenaba, se iban, casi siempre con verduras de regalo, y regresaban el sábado siguiente. Vivían en el anonimato, como la mayor parte de los músicos que se habían quedado en Chile y no tenían dónde cantar. Reconocidos sólo por los caseros de los puestos que ofrecían colaciones baratas y la clientela, cantaron ahí durante dos años, pero nadie registró esas actuaciones, donde sus voces se mezclaban con el pregón de los vendedores, el rumor de los comensales y el miedo de esos días.
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En 1992 Roberto Parra ya había salido de ese anonimato obligatorio. El reconocimiento nacional e internacional de la obra "La negra Ester", basada en sus décimas y estrenada en 1988 por el director Andrés Pérez, lo había convertido en un autor y cantor popular que todos querían conocer, escuchar e investigar. En agosto de ese año fue invitado por el Archivo de Literatura Oral de la Biblioteca Nacional a cantar a la Sala América de la misma biblioteca, y él no se limitó a cantar: como buen contador de historias habló de sus padres, de sus inicios y de lo que fue saliendo en el diálogo con el músico Mario Rojas. Esa actuación sí fue registrada, estuvo inédita por quince años y el sello Dicap la acaba de editar.
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"Cuando me vine del campo" es un documento sonoro con valor patrimonial, ya que va más allá de la biografía y el canto de un autor. Roberto Parra va narrando sus orígenes familiares y artísticos, pero también va mostrando sonidos desaparecidos, estilos de tocar la guitarra que se extinguieron con las cantoras de la década del veinte o del treinta: "Así tocaban antes, ¿ah? En ese tiempo, sesenta años atrás, por ejemplo, o setenta años, atrás el hombre no tocaba mucho la guitarra… solamente la mujer (tocaba), era muy raro que tocara un hombre y tenía malazo nombre porque le decían que era marucho", dice con su abundante picardía.
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El concierto se despliega como la clase magistral de un pedagogo innato que va enseñando con ejemplos. Pide una guitarra y al momento de tomarla ya está dando una lección: "…antes había cuerdas de tripas, las secaban y hacían las cuerdas… y a esto le llamaban canutillo", son sus palabras para presentar las cuecas "Cuando me vine del campo" y "Un limón verde". Una demostración de las distintas formas de afinar la guitarra que practicaban su padre y su madre es la antesala para escuchar las mazurcas de don Nicanor Parra padre y la melodías de su tía Otilia: "Le decía ‘tía, por favor toque una cosita’, (le decía) con todos mis hermanos. Entonces ella pescaba la guitarra". Con tres ejemplos in situ tenemos una evidencia de su genealogía guitarrera.
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Dos canciones del folclor argentino preceden uno de los relatos más emotivos de este registro: el momento en que siendo niño fue arrendado como lazarillo a una cantora ciega. Por quince pesos mensuales tocaba en el mercado de Concepción y, avergonzado, pasaba el platillo: "Puta el sufrimiento grande, Mario", dice a su interlocutor. En ese momento nos enteramos que fue allí donde aprendió "Corazón de bandido", el trágico vals de Críspulo Gándara. La llegada a Santiago de los hermanos Parra Sandoval por obra y dinero de Nicanor hijo; el jazz robado a pedacitos a Jimmy Dorsey, Charlie Kunz y al Quinteto Hot Club de Francia; algunos versos de las inolvidables "Décimas de la Negra Ester" más una selección de evocadores valses construyen esta antología en vivo.
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La lección termina con las cuecas choras "El chute Alberto" y "La mina e Mapocho", aunque antes del cierre Roberto Parra aporta una nueva clase de erudición popular: "… Es que es palabra afuerina, el chute… por ejemplo, el pantalón es un pantalón de fantasía, con lista y vestón negro, camisa y pañuelo al cuello… pa’l afuerino no hay corbata… el sombrero es un fieltro o una felpa y en vez de maleta, la linyera… un saco que lleva el hombre", describe, y la subclasificación del chute es una pequeña lección de moda que debiera ser de interés de los historiadores.
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En calidad de yapa se escuchan el corrido "El rodeo" en versión de Catalina Rojas y la "Suma theologica de la cueca", de Nicanor y Roberto Parra, que incluye las voces del mismo Nicanor, Gabriela Mistral, Violeta Parra y un fragmento de las palabras de Salvador Allende pronunciadas por radio antes del bombardeo a la Moneda. Cuando me vine del campo es el registro de casi una hora de música y conversación, pero lo que realmente contiene es poco más de medio siglo de historia de Chile, campesina y urbana, contada por un patiperro al que le gustaba la sandunga.

Temas:
1. Presentación: Cuando me vine del campo.
2. Un limón verde.
3. Mazurcas / Recuerdos musicales de la familia Parra.
4. Allá en la pampa argentina.
5. Señores voy a contarles.
6. Historia del lazarillo - Corazón de bandido.
7. Llegada a Santiago de la familia Parra / Hilda y Violeta.
8. Jazz huachaca.
9. Décimas de la negra Ester.
10. Un minuto de silencio por la Negra Ester.
11. Selección de valses.
12. El chute Alberto.
13. La mina e Mapocho. De yapa:
14. Suma theologica de la cueca.
15. El rodeo.

Músicos:
Roberto Parra (voz y guitarra)
Mario Rojas (entrevista)
Lalo Parra (voz y guitarra)
Catalina Rojas (voz y guitarra).

www.robertoparra.scd.cl