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Por Iñigo Díaz de MUS.CL
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Jorge Campos invirtió el orden lógico: tambores y bajos, por bajos y tambores. Y es igualmente lógico porque su nombre no sólo está asociado a ese fino bajista de fusión de dos décadas con Congreso y al joven bajista rockero de Fulano durante otros veinte más, sino que en su cuarto disco solista su instrumento sanguíneo es absolutamente protagónico. Campos arma, desarma y rearma el sonido de la obra escogida con su arsenal, que va desde un bajo activo de cinco cuerdas hasta un contrabajo de madera noble con arco, pasando por esa lutería única que se llama Machi (un bajo de dos brazos que incluye encordados dobles y mástiles destrastados). Los bajos están, nominalmente, antes que los tambores. Y el disco se llama así: Bajos y tambores.
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Pero incluso de esta forma las cuerdas y los parches equiparan sus pesos al interior de su nuevo cuarteto (que él llama "kuarteto", por su vínculo de respeto con la cosmovisión mapuche). Los bajos los ejecutan Jorge Campos e Isabela Rain (quien toca un fantástico ejemplar del modelo Höfner "violín" que popularizó Paul McCartney durante la Beatlemanía), mientras los tambores, Raúl Aliaga en la batería y Fat Pablo, el DJ especialista en la relojería del drum and bass, o sea en el vértigo imparable de los tambores y bajos.
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Este registro apuntado en vivo y directo en la ex Cárcel de Valparaíso es el desenlace de una gira que el ensamble de Campos realizó durante 2006. Luego de este concierto final y el ajuste del equipaje, el músico abordó un vuelo para radicarse en Londres y también tocar mucho en México. Dos temporadas fuera y hoy ya está de regreso con la nueva performance de Bajos y tambores, que es también una descripción de esa posición de adelanto que Campos tiene como uno de los más arriesgados músicos de su generación, antifascista por naturaleza y académica por excelencia.
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Hay composiciones de sus segundo y tercer discos, Machi (2000) y La ausencia de lo sagrado (2004), que son los más experimentales en cuanto a tratamiento de su obra (La magia necesaria, de 1995, es más bien un disco de canciones). Campos expone aquí ese característico sonido gutural que adquieren sus cuerdas, como cuando rockeaba en Fulano. Puede ser con firmes pizzicatos sobre los scratches y samples de Fat Pablo en "Hot copilot", o puede ser con rasgueos de las cuerdas como si el bajo fuera una guitarra sobre el ritmo de drum and bass orgánico construido por Raúl Aliaga en "Yo creí".
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Por mucho tiempo, durante la época de popularidad del jazz fusión o la música progresiva, se creyó que el mejor músico era el que tocaba más rápido. "Para mí eso es basura", escribe Campos. Primero lo escribe y después lo demuestra recreando atmósferas de sonido en una línea continua, alterada sólo por hitos musicales. "La ausencia de lo sagrado (viaje)" se escucha como una masa oscura y pesada y en "Zátrapa" un fondo de ritmo y teclados permite todo tipo de desplazamientos simples del bajo. "Octaton" mira hacia el rock, "Mapocho" hacia el jazz y "Doimo" hacia el avant-garde. Son tres direcciones en las que el Campos compositor se mueve y que se completa finalmente con la integración de elementos de la música mapuche, siempre presente. Esto es electroetnofusión, con bajos y tambores, una palabra muy larga que creó el propio Campos y sobre la que todavía hay muchos discos que tocar en el futuro.
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Temas:
1. La ausencia de lo sagrado (viaje)
2. Octaton
3. Mapocho
4. Yo creí
5. Sátrapa
6. Doimo
7. Horrisono
8. Hot copilot
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Músicos:
Jorge Campos (bajo de 5 cuerdas, bajo doble Machi, contrabajo, teclados)
Isabela Rain (bajo y teclado)
Fat Pablo (tornamesas, bases y teclados)
Raúl Aliaga (batería)
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